Gema Sacristán es directora de Negocio de BIDInvest, la unidad del Grupo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para el sector privado, una de las instituciones que están jugando un papel más importante en las emisiones de ‘bonos temáticos’ El Banco Mundial, con la asesoría de Crédit Suisse, va a hacer una emisión de un bono por 45 millones de dólares (37,8 millones de euros) cuyo retorno dependerá de la evolución de la población de rinocerontes en dos parques de Sudáfrica en los próximos cinco años. Si la emisión tiene éxito, habrá más para proteger a otras especies, según la agencia de noticias financiera Bloomberg.

Los ‘bonos para rinocerontes’ no son más que la última variación por ahora de los ‘bonos temáticos’, es decir, «instrumentos de inversión en renta fija en los que se debe justificar que los fondos obtenidos busquen siempre un impacto positivo medioambiental o que combatan el impacto del cambio climático». Así los define la española Gema Sacristán, directora de Negocio de BIDInvest, la unidad del Grupo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para el sector privado, una de las instituciones que están jugando un papel más importante en las emisiones de estos activos.

Solo entre enero y mayo de 2020 se emitieron 19.000 millones de dólares (16.000 millones de euros) de ‘bonos temáticos’ que cumplían los estándares de Asociación Internacional de Mercados de Capitales (ICMA, por sus siglas en inglés) que tiene unas pautas voluntarias de transparencia. Si se cuentan los bonos que no seguían esos requisitos, la cifra asciende a 150.000 millones de dólares (126.000 millones de euros).

¿El Covid-19 ha cambiado las prioridades de los bonos temáticos, al incrementar la demanda de los que financian sanidad, en detrimento de los ‘bonos verdes’? Ha habido un cambio de paradigma, con un avance en los bonos de temas sociales. Pero los ‘bonos verdes’ siguen siendo importantes. La recuperación se va a enfocar en combatir la desigualdad y favorecer la inclusión social, pero dando un carácter importantísimo a la lucha contra el cambio climático y a la transición a un mundo con una huella de carbono bajo. La década del 2010 fue la del boom de los ‘bonos verdes’, y la del 2020 va a ser la de los ‘bonos de transición’.

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