Desde el pasado noviembre, la rentabilidad de la deuda estadounidense ha subido casi ocho décimas de punto porcentual, en un claro endurecimiento de las condiciones monetarias

Estados Unidos se recalienta. El precio de los alimentos frescos ha subido un 2,4% sólo en un mes, la mayor alza nada menos que desde 1974, cuando la crisis del petróleo creó un palabro’, ‘estanflación’ – una combinación de recesión e inflación – que aún hoy provoca sudores fríos a muchos economistas. Los coches de segunda mano se dispararon un 10%, en lo que constituye el aumento más grande desde que existen estadísticas. Los billetes de avión, el 9,6%. Y el alquiler de coches, el 92%.

Así que el Índice de Precios de Consumo (IPC) se ha colocado en el 4,2%, su nivel más alto en trece años. El dato ha pulverizado las previsiones de los expertos, y ha puesto en cuestión la teoría de la Reserva Federal y del Gobierno de Joe Biden de que, a pesar del estímulo fiscal y monetario, la estabilidad de precios en Estados Unidos no está amenazada. La mayor parte de Wall Street no compra esa idea, y los índices de las grandes empresas (el Dow Jones, en S&P500 y el NASDAQ), registraban caídas de entre el 1,2% y el 2,1% a falta de dos horas para el cierre de la sesión. El dólar caída ligeramente y el bono a diez años volvía a subir, en previsión de tipos de interés más altos.

Desde el pasado noviembre, la rentabilidad de la deuda estadounidense ha subido casi ocho décimas de punto porcentual, en un claro endurecimiento de las condiciones monetarias contra el que poco han podido hacer las gigantescas inyecciones de liquidez llevadas a cabo por la Reserva Federal.

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